Hola, hola caracola. Sé que llevo mil años sin subir pero entre que la semana pasada estuve en Londres, de la que me enamoré perdidamente y que tengo menos tiempo para escribir...
Bueno que no os doy la chapa, este capítulo va para una señorita que me pidió una cosa hace billones de años, Lydia, ya me contarás. Espero que os guste y que me digáis que os parece. Y creo que ya está.
Las semanas pasaban, y volvía la rutina. Nora seguía en el hospital, y tardaría mucho en salir, la cosa se le complicó y la diálisis era algo complicado para ella. Los médicos decían que la única posibilidad que ella tenía de hacer una vida normal era encontrar un donante. Los que fueron mayores de edad se hicieron las pruebas, Tay y yo no podíamos pero en cuanto pudiésemos nos las haríamos. Sus padres tampoco eran compatibles. Sólo esperábamos que esta agonía terminase pronto, ella era la única capaz de sacarnos una sonrisa cuando íbamos a verla al hospital, aunque estuviese todo el día entre esas cuatro paredes con olor a desinfectante y con comida asquerosa.
Hablando de comidas, hoy teníamos comida familiar, como todos los domingos. Pero esta vez era en un restaurante, Mery cumplía años. 45 y eso había que celebrarlo.
Terminé de vestirme y me hice un moño, mi madre me había obligado a estar presentable, ya que según ella la prensa estaría rondando por los alrededores. Me calcé mis tacones negros y salí de mi habitación.
Había una bonita estampa, mi madre a medio vestir, mi padre jugando a la play y mi hermano, bueno él, dejemoslo.
15 minutos tarde y con mi madre enfadada salimos de casa.
Llegamos al restaurante, y la prensa ya estaba allí. Menos mal que todos habían llegado ya y no teníamos que esperar...
Mi padre se quedó con los periodistas un par de minutos y nosotros pasamos dentro.
-Yo: ¡Meeeery! Feliz cumpleaños.
Le di un abrazo y me senté al lado de Mark que me dió un sonoro beso en la mejilla. Todos se giraron y me empecé a poner como un tomate.
Nos sentamos todos en la mesa y vimos que sobraban dos asientos. Cam y otro.
-Zack: Alex, ¿me quieres decir dónde está tu hijo?
-Matt: Sí, tengo hambreeeeeeeeeeee.
-Yo: ¡Pero si has comido antes de venir!.
-Matt: Tenemos el estómago grande. Como tu novio.
Me giré y vi a mi novio engullendo un trozo de pan como si no hubiese comido en su vida. Le dí un pisotón y lo dejó en la mesa.
-Aria:Tranquilos ya viene. Y no viene sólo.
Y 13 cabezas se giraron a la puerta. Venía de la mano de una chica.
-Jack: ¿Quién es ese bombón Cam?
-Aria: ¡Compórtate!.
-Mery: Cam, ven preséntanos.
La chica salió de detrás de su espalda, que la cubría casi por completo. Era morena, bajita y con el pelo y los ojos muy oscuros.
-Cam: Familia, esta es Lydia. Mi novia.
-Lydia: Encantada.
Estaba nerviosa y roja como un tomate. Pobrecita, en vaya familia había caído.
Se sentaron al lado de su madre y empezamos a pedir la comida.
-Mark: Oye, ¿esta no era la chica que me dijiste española?
Cam asintió y sonrío al mirarla, se le iluminaban los ojos, estaba enamorado. Al ver eso le cogí a Mark la mano y le sonreí, a veces me preguntaba que sería mi vida sin él.
-Cam: Ella es de Madrid.
-Rian: ¡Madrid es precioso! Hemos dado bastantes conciertos allí.
-Cam: Sigo, pues ella es de Madrid, pero se vino aquí hace 7 años y bueno es un año mas pequeña que yo y creo que poco mas.
-Tay: Hacéis una pareja muy bonita chicos.
Continuamos la comida y dos horas después con el estómago lleno salimos del restaurante, Jack nos llevó al hospital, queríamos pasar la tarde con Nora.
Las semanas seguían pasando, nosotros estábamos en clase, Nora estaba en casa y no podía salir de allí. Últimamente no teníamos tiempo ni de respirar con los exámenes, pero intentábamos visitarla 3 o 4 veces por semana.
Era una simple tarde de viernes, me quedaban un par de exámenes, pero decidí llamar a Mark, necesitaba escapar de casa. De la rutina, ir con él y olvidarme de todo.
Quedé con él a las 4 y como siempre, llegó tarde. Le hice subir a mi habitación y me encerré en el baño, aún no estaba lista.
-Mark: Llego tarde y todavía estás sin peinar. Si un día llego temprano no sé que estarás haciendo.
-Yo: ¿Tú? ¿Temprano? Jamás, eres lo mas gandul y ganso que he conocido nunca.
-Mark: No te pases pequeña, no te pases.
Cada vez que me decía pequeña me hacía sonreír como una idiota y la verdad esque yo odiaba los apelativos como 'amor', 'cariño' o ñoñeces varias, pero con 'pequeña' me había ganado.
Abrí la puerta y salí, estaba lista para irnos. Salimos y me cogió de la mano.
-Mark: ¿En qué piensas? Estas muy callada...
-Yo: No sé, en todo, y en nada.
-Mark: Buena respuesta si señor.
-Yo: Tengo ganas de hacer un cambio. Quiero probar, lanzarme, experimentar. Hacer cosas de las que luego me arrepienta, pero sonreír al recordarlas. Cometer errores, ver lo posible en lo que antes era imposible, y lanzarme al vacío sin pensar.
-Mark: ¿Quieres tirarte en paracaídas?
Le golpeé el hombro y puso cara de niño pequeño.
-Mark: Te entiendo, yo también quiero hacerlo, me apetece. Después de lo que ha pasado con Nora me he dado cuenta que nunca sabes lo que va a pasar mañana, que tienes que vivir el momento, sin importar el futuro, ni el pasado, sólo el presente. En cierta manera, creo que hemos madurado.
Asentí, no tenía nada mas que decir, ya lo había dicho todo él.
Fuimos a un Starbucks y nos sentamos en una mesa con nuestros chocolates calientes.
-Mark: ¿Qué te apetece hacer?
-Yo: ¿Ver una peli?
-Mark: Estás de sosa últimamente...
-Yo: A ver, señorito, ¿Qué quieres que hagamos?
-Mark: Pues se me pasan unas cosas por la cabeza...
Le miré con cara de odio fingido y seguí a lo mio, aunque yo también lo había pensado, llevaba unos cuantos días pensándolo.
Pasamos la tarde viendo una película y cebándonos a palomitas. Se me había ocurrido una cosa.
-Yo: Mark, ¿Cuándo acabas los exámenes?
-Mark: Umm, me quedan 4 creo, pero todos esta semana. ¿Por?
-Yo: Nada, preguntaba simplemente.
-Mark: Que mal mientes.
-Yo: Ñañaña, no te estoy mintiendo.
-Mark: Lo que tu digas.
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